Aunque sea el tercer año de Universidad los nervios del primer día no han cambiado. Elegir qué ponerte, aprenderse los horarios, nuevos profesores, nuevas asignaturas, nuevos compañeros...
Tal vez si estudiara una sola carrera no vería tantos cambios cada año o tal vez sea cosa mía pero el caso es que no puedo evitar acordarme de cuando entré por primera vez en FCOM.
No voy a mentiros mi primer día, no, mi primera semana fue un caos. Al pertenecer a la doble de Periodismo y Filología me habían dado unos horarios diferentes, mezclados y confusos. Así que aunque tuve que ir al edificio Central a por mi carnet (cosa que me enteré cinco minutos antes de tener que entrar en FCOM) empece con las charlas de Bienvenida a la parte de mi carrera del mundo de la comunicación.
Cuando localicé el aula (cosa que, gracias a Dios, no me costó mucho) descubrí el primer fallo en mi horario: la sesión había empezado hace media hora. Tras olvidar todo el desastre de día que llevaba (¿cómo se puede llegar tarde cuando había llegado una hora antes a la universidad?) pude asistir a una charla que me recordó porque elegí periodismo. He de reconocer que cada vez que escucho una conferencia, mesa redonda o exposición de algún profesor me enamoro de nuevo de mi carrera. Si hay algo que quiero conseguir es poder hablar así en público demostrando la pasión que siento por lo que digo, embelesando a todos los asistentes, recordando a todos que el Periodismo SÍ que sirve, es más, es muy importante para sociedad y ahora más que nunca cuando la información fluye por todos lados de manera rápida pero no siempre exacta.
A la hora de la comida me reuní con las amigas del colegio en el famosos Faustinos del Central y les hablé de todo lo que habia hecho y de mis nuevos compañeros de los que al final de semana, en las Jornadas de bienvenida de Filosofía y Letras, aún o me sabía el nombre (siempre se me han dado fatal los nombres y las caras. Lo sé, soy un desastre).
El día acabó con mis primeros pasos en las clases de Filosofía y Letras, días después me enteré que quién estaba a mi lado en esa clase sería una de mis compañeras de la doble.
Tal vez el primer día de este año no estuviera tan perdida, no llegara tarde y ya me sabía el nombre de mis compañeros pero sentí los mismo nervios, la misma incertidumbre al intentar adivinar como sería cada asignatura, cada profesor. Me vuelvo a liar con los nombres de los compañeros que vienen a mis clases como optativas o están de erasmus. Y mantengo la misma emoción y admiración al escuchar las conferencias de bienvenida porque sí, me colé en varias cuando no tenía que asistir a clase solo por el placer de escuchar y conocer más a fondo mi carrera y mi universidad. Disfrutando de estar paseando por FCOM.
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